Las mujeres en el arte

Mujer esculpiendo. Camille Claudel en su taller de arte

La historia del arte tiene una gran deuda con las mujeres. Dejadas a un costado incontables veces, fue necesario un trabajo de rescate para que al día de hoy podamos conocer sus nombres. ¿Cuándo sabemos, realmente, sobre las mujeres en el arte?

Mujer artista en su taller: Maruja Mallo
Maruja Mallo, una de las pintoras más importantes del siglo XX

Antes de comenzar la lectura te propongo un pequeño ejercicio. Sin pensarlo mucho, nombrá 10 artistas plásticos que conozcas. No importa la época, corriente, sólo los primeros que te vengan a la mente.

¿Listo?

Ahora revisá tu lista. Apuesto a que la mayoría son varones, ¿no? Incluso si googleamos pasa similar. ¿A qué se debe esto? ¿No hay artistas mujeres?

En este artículo buscaré indagar sobre la mujer en el arte para poder entender a qué se debe está desigualdad. Me intriga saber si es que hay menos mujeres que se dedican al arte (y en ese caso entender las razones) o si es que simplemente las conocemos menos…

Linda Nochlin escribió un artículo llamado “¿Por qué no han existido grandes artistas mujeres?”, en donde analiza estas cuestiones. Parecería que la respuesta (o al menos la respuesta a la que muchos pensadores han llegado) es: “No han existido grandes artistas mujeres porque las mujeres son incapaces de llegar a la grandeza.” Han habido incluso investigaciones “científicas” encargadas de analizar la capacidad intelectual y creativa del género femenino.

Esto, que actualmente resulta horroroso, estaba en cierta forma naturalizado y es por eso que las investigaciones en torno a las artistas mujeres se demoraron tantos años en llegar. Y qué bueno que eso ocurrió, porque muchas creadoras habían quedado en el olvido.

A escondidas

La autoría de las obras de arte de mujeres

Si analizamos la historia del arte, vemos que en el siglo XIX y XX empiezan a aparecer más nombres de artistas mujeres. ¿Es que antes las mujeres no hacían arte? Pues aquí hay que considerar otra situación en las que corrían en desventaja: en Occidente, hasta el siglo XIX las mujeres no tenían derechos posesorios. Esto significaba que no podían firmar contratos ni adjudicarse la autoría de sus creaciones. Por lo tanto eran sus esposos o padres quienes firmaban las obras o las vendían. Y muchos sacaron provecho de esta situación ¿Cuántas mujeres habrán quedado perdidas en la historia bajo otros nombres?

Un ejemplo es el de Sofonisba Anguissola, cuyas obras conocidas son escasas. Al día de la fecha aún hay debates acerca de si obras como “La dama del armiño” (atribuída a El Greco) fueron creaciones propias. Otro, el de Mary Beale, cuyo retrato de Charles Beale, había sido atribuido a Michael Sweerts hasta fecha reciente. 

Pero el tema de la firma traspasa lo legal. También tiene un gran peso la mirada social hacia las artistas, lo que hacía que muchas prefirieran “esconderse” bajo un nombre masculino o disimularan el propio usando sólo las siglas. En literatura es bastante frecuente, y tenemos ejemplos como las hermanas Brontë, Cecilia Bölh de Faber (Fernán Caballero), Mary Ann Evans (George Eliot) o Violet Paget (Vernon Lee). Es probable que sus obras no hubieran tenido la misma aceptación social si utilizaban su verdadera identidad. ¡Incluso J.K. Rowling prefirió usar las siglas de su nombre para evitar un fracaso editorial!

Volviendo al ámbito de la pintura, un caso icónico es el de Judith Lester. Los comerciantes de arte borraron la firma de sus pinturas porque las obras firmadas por una mujer tenían menos valor que las de los hombres. Toda su obra fue atribuida a su marido o al pintor Frans Hals. En 1893, un historiador de arte descubrió que siete obras de este último eran en realidad de Judith, y que, debajo de la firma podían verse las iniciales JL.

La mujer en el arte
Three boy merry making - Judith Leyster

La investigadora Dora Román explica el caso de La lechera de Burdeos, con el que se supone que se avanza al impresionismo en España. Siempre se consideró a Goya como su autor, pero “hay serias dudas de que lo pintara en realidad su ahijada, Rosario Weiss Zorrilla». Ocurre también con muchos trabajos de Marcel Duchamp que «está demostrado por carta que fue la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven quien se los envió a Duchamp. Donde empieza el arte conceptual, allí hay una mujer olvidada», precisa Román.

El cuadro Sibilla, conservado en el Palacio de Barberini de Roma,se ha atribuido a la mano de Guido Reni pero, que según otras fuentes, fue obra de Cantofoli

Algunas de las obras de Luïsa Vidal, como el retrato de la mujer de Miquel Utrillo, fue atribuida a Ramón Casas.

Otro caso más actual es el de Margaret Keane, cuya historia fue llevada al cine por Tim Burton (“Big eyes”). En este caso, su marido era el responsable de la venta y distribución de las obras. El problema apareció cuando éste, aprovechándose de que la firma era simplemente “Keane” dijo ser el autor y gozó de una gran popularidad en los años 60.

Por otro lado, en 2016, la artista Fumiko Negishi, denunció a Andrés de Felipe por atribuirse, exhibir y vender trabajos suyos o en los que participó como coautora. La cifra supera las 200 obras.

 

Exposición de la artista Hilma af Klint
Hilma af Klint, precursora del arte abstracto

Pero no solo obras puntuales, muchas mujeres han perdido mérito en su participación en corrientes artísticas. Es el caso de Hilma af Klint, precursora del arte abstracto, aunque en todos los libros de historia se considere a Kandinsky como pionero. Las fechas indican que Hilma estaba realizando estos trabajos unos años antes.

¿Y en el impresionismo? Cuando se enlistan los nombres más representativos del movimiento, suelen olvidarse de Berthe Morrisot y Mary Cassat, a pesar de que trabajaron codo acodo con otros reconocidos artistas.

¿Cuántas artistas habrán quedado silenciadas tras nombres falsos?

Crecimiento negado

La educación artística de las mujeres

Cuando las mujeres querían dedicarse de lleno al arte enseguida se encontraban con muchas piedras en el camino. Una de ellas era la posibilidad de aprender y mejorar; ya que las escuelas artísticas estaban restringidas. ¡Qué difícil poder mejorar y explorar distintas técnicas sin tener acceso a talleres de calidad, con buenos maestros!.

Linda Nochlin asegura que es el acceso a la educación el punto clave que ha impedido a lo largo de la historia que haya grandes mujeres artistas. La educación hasta hace muy poco tiempo ha sido un ámbito exclusivo de varones blancos y de cierta clase social, dejando a otros grupos sociales a un costado.

“Era institucionalmente imposible para las mujeres alcanzar la excelencia o el éxito artístico en el mismo nivel que los hombres, sin importar el potencial de su llamado talento o genio”.

Hubo algunas contadas excepciones, claro. Sofonisba Anquissola recibió educación artística junto a sus cinco hermanas. Sus maestros fueron Bernardino Campi y ­Bernardino Gatti. También se vinculó con Miguel Ángel, con quien aprendió de manera informal. El aprendizaje de Sofonisba con artistas locales sentó un precedente para que las mujeres fueran aceptadas como estudiantes de arte.Artemisia Gentileschi fue la primera mujer admitida en la selecta Academia del Disegno florentina, lugar donde consiguió el mecenazgo de los Medici. 

Elisabetta Sirani, pintora barroca, tuvo muchas complicaciones a la hora de formarse, a pesar de su talento. No le permitían ingresar a la escuela de arte y tampoco podía retratar desnudos, por lo que su formación sobre la figura humana no estaba completa. A sus 19 años se hizo cargo del taller de arte de su padre, siendo la primera mujer en ese rol. Además empleó a otras mujeres para que trabajaran con ella. En su hogar recibía visitas de jóvenes mujeres a quienes instruía en la pintura y otras artes.

También en Argentina, una de las pioneras maestras de arte fue Procesa Sarmiento de Lenoir, la hermana de Domingo Faustino. Su trayectoria abrió camino a futuras generaciones para que pudieran participar en el arte en Argentina y en Chile. Continuó pintando y enseñando hasta muy avanzada edad.

La mujer en el arte: el legado de Procesa Sarmiento
Procesa Sarmiento de Lenoir, sin título, 1898, Collage con pastos naturales, cartón y recortes de imágenes impresas

Hubo maestros que sí aceptaron alumnas mujeres. Me llama la atención, sin embargo, que en muchos de esos casos se convertían en amantes. Me pregunto  ¿aquellos maestros aceptaban a cualquier alumna o sólo a las que consideraban de alguna manera atractivas? Ejemplos.

Y, como era de esperarse, también algunos maestros aprovecharon para no aclarar si una obra era de su alumna en vez de suya. Un ejemplo es el de Auguste Rodin y Camille Claudet. Primero fue su maestro, luego su amante, y hay una clara influencia mutua en sus creaciones. Muchos confundían sus obras, porque no creían que ella pudiese tener el mismo talento. Claudel terminó internada 30 años por “delirios de grandeza”, cuando ella quiso reclamar el reconocimiento de su trabajo.

Mujer esculpiendo. Camille Claudel en su taller de arte
Camille Claudel en su estudio

El pudor ante todo

Las mujeres y los desnudos artísticos

Al hecho del escaso acceso a la educación le sumamos que las mujeres no podían bajo ningún concepto aprender desnudos. Imagínense, ¡qué obscenidad! Una mujer pintando desnudos era una ofensa para la sociedad. Muchas tuvieron que dedicarse al retrato o al paisaje por no poder aprender sobre anatomía humana.

El problema de la desnudez ha llegado a lugares insólitos. Cuando Lola Mora inauguró su Fuente de las Nereidas en 1903 en el emplazamiento original (en la Plaza de Mayo) se armó tal escándalo que hubo que cambiarlo de sitio. La escultura muestra cuerpos femeninos y masculinos desnudos y eso, para ciertos sectores de la sociedad, era inadmisible. Finalmente la obra quedó en Costanera Sur, más alejado de la vista de todos. Un hecho de tremenda injusticia y desmerecimiento  de la gran artista.

Similar le pareció a la pintora argentina Sofía Posadas. En una exposición de 1891 retiraron una obra suya por ser un desnudo, mientras en la misma muestra había otros desnudos realizados por hombres.

La mujer en el arte: la fuente de las nereidas de Lola Mora
La fuente de las Nereidas - Lola Mora

Linda Nochlin analiza la cuestión de los modelos desnudos y las escuelas de arte. Como ya dijimos, las mujeres no podían participar de estas clases, tanto sea para retratar a hombres o a mujeres. Sin embargo sí se consideraba correcto que una mujer (de clase baja, aclara la autora) se mostrarse a sí misma desnuda como un objeto para un grupo de hombres.

Se destacan algunas excepciones, como el caso de Lavinia Fontana que en 1500 llegó a pintar desnudos femeninos y masculinos en pinturas religiosas y mitológicas de grandes formatos, algo inédito para una mujer hasta ese momento.

Y muchos años después, en 1915 la artista neoyorkina Florine Stettheimer, realizó el primer autorretrato desnuda de la historia del arte. Según relatos, estaba inspirada en La maja desnuda de Goya.

Primer autorretrato desnudo de una mujer
Autoretrato desnudo de Florine Stettheimer

"Pinta tan bien como un hombre"

La mujer ninguneada en el arte

Algo que está sumamente arraigado en la cultura machista es el hecho de considerar que las mujeres tienen cualidades menores. Menos inteligencia, menos creatividad, menos talento. O, a lo sumo, capacidades distintas: son “más sensibles”, “más delicadas”, y por lo tanto hay ciertos rubros para los que “no encajan”. Muchos estaban (y están) realmente convencidos de esto. 

Hay teorías que hablan de un arte “femenino” por oposición al masculino. Como si toda la producción hecha por mujeres mantuvieran un eje similar. Linda Nochlin explica que estas personas defienden que se trata de un arte diferente “tanto en sus cualidades formales como en las expresivas, y basado en las características especiales de la situación y experiencia de las mujeres”. Ahora bien, ¿es posible que las mujeres que hacen arte desde el renacimiento hasta la actualidad mantengan un eje similar? En la siguiente imagen podrán ver algunas obras realizadas por mujeres donde vemos, claramente, estilos totalmente opuestos. ¿Encuentran ustedes algún elemento en común? 

Creo que esta teoría sería más válida si la llevamos a la temática feminista, más que a las artistas detrás de la obra. Si hablamos de arte crítico o contestatario, donde se busca mostrar las problemáticas a las que nos enfrentamos las mujeres, la injusticia, desigualdad, violencia… Quizás ahí sí encontremos puntos en común. Estilos diferentes, pero mensajes similares. Ahora bien, no todo arte realizado por mujeres tiene esta impronta, eso está claro. Porque el feminismo exige igualdad de derechos, igualdad de expresión, independientemente del mensaje que se quiera dar.

Elisabetta Sirani, una mujer que dedicó su vida al arte
Elisabetta Sirani - Porcia hiriéndose en la pierna

Linda Nochlin analiza que, en tiempos anteriores (queremos creer que hoy ya no) era más valioso que una mujer pudiera hacer muchas cosas razonablemente bien (cuidar niños, cocinar, bordar, y demás) que sobresalir en una sola. “En el primer caso, ella puede ser generalmente útil y en el segundo puede que brille durante una hora”. El trabajo que realmente “vale la pena” es el que está relacionado con el hogar y el cuidado.

Por lo tanto, se requiere de mucho coraje y grandeza de espíritu para rebelarse de ese lugar atribuido y decidir convertirse en artista.

En 1600 Elisabetta Sirani sorprendía a todo el mundo porque producía gran cantidad de obras, rápido y con mucha calidad. Muchas personas dudaban de que realmente fueran de su autoría, por lo que Elisabetta decidió invitarlas a su casa para verla trabajar en vivo. 

Dos siglos después, encontramos el caso de Luïsa Vidal, pintora catalana que pudo vivir del arte, como raramente ocurría en el s XIX. Sin embargo se la criticó por ser “demasiado viril”, ya que, según los críticos, pintaba con una fuerza y espíritu varonil

Retrato de mujer pintando, autora Luisa Vidal
Luisa Vidal

No las olvidemos

Podríamos hablar mucho más sobre las mujeres en el arte: la idea de musa inspiradora, cómo se la representa pictóricamente, los cambios que introdujo el feminismo, etc. Lo que queda claro es que las artistas no han tenido un camino fácil. Algunas incluso ni siquiera pudieron empezar a transitarlo. Otras fueron quedando en el olvido a lo largo del tiempo.

Hoy tenemos la posibilidad de acceder a tanta información que solo con un par de búsquedas en Internet podemos conocer a muchas de estas talentosas mujeres cuyos nombres la historia dejó de lado. Sigamos difundiendo y recordando su aporte al arte.

La mujer en el arte: Frida y un autorretrato

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